La potencia perdida
La instrucción en el idioma natal es
absolutamente la mejor alternativa para enseñar al niño que no habla inlgés o
cualquier idioma que sea el segundo idioma.
Cuando tiene que ver con una población tan grande como la hispana, la
vietnamita o la china, la instrucción en el idioma natal es una opción viable y
preferida porque el niño puede recibir la instrucción académica que se necesita
mientras que el niño aprende inglés.
Mientras más conceptos el niño aprende, mejor es la adquisición del
inglés. Mientras más alfabetizado está
el niño, mejor aquel niño podrá usar el inglés en un ambiente académico. James Crawford reitera estos puntos en sus
artículos en Rethinking Schools, www.rethinkingschools.org.
¿Pero cómo explico las estadísticas que
demuestran que algunos niños en programas bilingües parecen mal preparados
hasta en el sexto grado para instrucción en inglés? Muchos tienden a echarle la culpa al sistema
que los educó haciendo uso del idioma natal.
Estos individuos opinan que recibir instrucción en el idioma natal es
tiempo perdido que pudiera haberse usado mejor en inglés. ¿Es éste un punto válido? Yo pienso que no porque los programas
bilingües bien desarrollados usan el idioma natal para hacer más comprensible
la instrucción en inglés.
Cuando veo estas estadísticas,
inmediatamente empiezo a estudiar cómo se implementa el programa bilingüe en
tal distrito. Muchas veces se le echa la
culpa a la educación bilingüe por los resultados pésimos, pero el programa que
se implementa no es, en realidad, la educación bilingüe. Sólo en nombre se identifica el programa con
la educación bilingüe. Nosotros estamos
recibiendo la culpa por programas que no siguen la teoría bilingüe tal y como
es propuesta por los investigadores académicos en este campo educativo como
Krashen, Cummins, Collier y Thomas, Wong-Filmore, etc… Por otra parte algunas escuelas creen que lo
mejor que pueden hacer es enseñarles a estos niños el inglés cuanto antes sin
darles la formación académica en su idioma natal. Lo que sucede con estos niños es que salen
del programa llamado bilingüe siendo básicamente analfabeto en dos
idiomas. Su español oral es horrible y a
pesar de que su inglés oral es bastante alto, están atrasados académicamente en
años.
Aún todavía, he visto que algunas escuelas
tratan de implementar un programa con un plan fuerte de estudios en las artes
de lenguaje en español.
Desgraciadamente, se hace sin buen componente académico en inglés. Por lo tanto, los estudiantes llegan a la
escuela intermedia, o lo que se llama Junior High en EE. UU., siendo bien
alfabetizado, algo bueno, pero sin la confianza y la familiaridad con el
inglés, definitivamente algo malo.
Además, como el distrito no ha definido
bien lo que es la educación bilingüe, algunas escuelas no tienen metas ni
expectativas para sus estudiantes bilingües.
No se contrata al personal adecuado ni se entrena bien. Estos distritos simplemente colocan a
personas que hablan español en la clase, pero yo he hablado de esto antes. Hablar español no es el requisito definitivo
para hacerse maestro bilingüe en un programa bilingüe. Ser un maestro que habla español y es capaz
de enseñar cognitivamente en ese idioma es el requisito definitivo. Muchos ni siquiera pueden explicar en el
idioma natal lo que es la causa y el efecto, lo que quiere decir la idea
principal, lo que significa la secuencia o cualquier otra destreza de la
lectura. Ni voy a mencionar conceptos de
las ciencias. Estos niños sí reciben
instrucción en el idioma natal, pero no aprenden a aprender. La cuestión del personal es otro asunto
válido que uno tiene que estudiar cuando se investigan las posibles razones de
por qué algunos programas bilingües no parecen tener éxito porque maestros
malos rinden estudiantes malos.
Rechezar sumariamente la educación
bilingüe es una reacción incauta a una pregunta mucho más complicada. Es hora
de reconocer la potencia que la educación bilingüe tiene. Los distritos escolares necesitan atraer,
contratar y retener a maestros capacitados y especialmente maestros en áreas de
necesidad como la educación bilingüe.
Los distritos tienen que conocer muy bien los programas especiales
educativos que tienen para poder implementarlos correctamente. Lo que los maestros bilingües hacen es una
destreza muy especializada que desgraciadamente es mal entendido por distritos
escolares y por el mismo público al que sirve.
El público debe concentrarse en lo que los niños de programas bilingües
buenos pueden hacer. ¡Es
impresionante! Imagínese a unos niños
jóvenes fácilmente manejando la instrucción académica en dos idiomas leyendo en
el idioma natal las obras de Twain o de Cervantes. Si se enfocara más en la potencia, la
educación bilingüe no estaría bajo ataque constante. Me asombra cada día lo que estos niños pueden
hacer. Por eso, nunca voy a dejar de
educar al público. Lo que hacemos vale
la pena. A lo mejor la educación bilingüe
es el mejor programa implementado mal que EE. UU. tiene. Realicemos su potencia, no la
destruyamos.
Stephen
Pollard